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Mostrando entradas de septiembre, 2010

Yaba Daba Don't

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Que el cómic de Los Picapiedras (The Flinstones) cumpla 50 años y en Cuba nadie sepa qué es eso, es otro ejemplo del triste país que somos. En el tortuoso camino hacia la restauración monárquica (*) los burócratas -que no son varios sino uno solo- han pasado medio siglo decidiendo qué debemos ver, oír, aplaudir y hasta morir por. Nos despojaron de los rituales aglutinantes de cualquier sociedad, desde los actos de graduación con toga y   birrete hasta el cotidiano regalo de sentar a toda la familia alrededor de una cena, y los sustituyeron por la única veneración posible: el culto a Su Poder.   Celebramos o no los carnavales según de qué lado les haya amanecido el moño, pero ni un solo año han suspendido los actos por el 26 de julio. Es un largo aprendizaje el que le toca a cada cubano cuando sale al mundo. Criados en una concepción de la vida tan improbable, aséptica y sofista, la mayoría no resiste el contacto con el primer teléfono celular o la primera raya de cocaína...

Cuentos para leer antes del domingo

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Foto: Caracas triste. Autor: Camilo Hernández Uno- Me ofrecí a llevarla hasta el Colegio donde le tocaba votar. Nada. Le eché mi cuento de cubano exiliado. Tampoco. Hasta me puse cursi y le hablé de la Patria: ella siguió ahí como una esfinge. La semana siguiente se mudaba a Panamá donde su esposo había conseguido trabajo. Lo dijo con la mayor sonrisa que le permitieron sus labios rellenos de silicón: salga sapo o salga rana, ¿a mí qué me importa? Escogió ser extranjera.   Dos- Saltó de su cama a otra más apropiada aún, y su corazón rojo fue premiado. Hoy reparte ese color sortario entre el esmalte de sus uñas y las suelas de sus zapatos de 1500 euros para arriba. Usa pieles de verdad: pasó una vida usando las falsas para ponerse sensible ahora que puede pagarlas. El único problema de Venezuela es la delincuencia , me confiesa mientras ordena descorchar la tercera botella de Cliquot de la noche y los mesoneros nos miran con el asco que merece la decadente burg...

AC-CENT-TUATE THE POSITIVE

Aleida Guevara es la hija mayor del Ché. En volumen, porque en edad lo era Hilda, quien según me cuentan se suicidó, la pobre. Hilda vivía en 28, entre 7ma y 9na y estaba casada con un tipo al que le encantaba enseñarle la pinga parada a las muchachas de mi secundaria. Nunca nadie le hizo nada, por supuesto, porque estar relacionado con el Ché Guevara tuvo, tiene y tendrá sus ventajas. Como una que le envidio a Aleida: su acento argentino. Aleida nació en Cuba, tenía 7 años cuando su padre murió y llevaba tiempo sin verlo, creció en Nuevo Vedado, urbanización muy habanera, y según Wikipedia –quien merece poca confianza, igual que Granma- es pediatra del hospital William Soler, habanerísimo, y ha trabajado también en Angola, Ecuador y Nicaragua. En ninguna parte mencionan una larguísima residencia en Buenos Aires que avale ese tono suave a lo Libertad Lamarque cuando cantaba Tipi-Tipi-Tin; ese decir sureño cosmopolita sin llegar a ser Nacha, la única graciosa de todos los...

María la del Bodrio

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ilustración tomada de http://el-guama.blogspot.com/ Asistimos perplejos a la Etapa Culminante de esta telenovela. Su guionista, productor, director y estrella única enfrenta el terror que todos los que escribimos seriados conocemos tan bien: se le acabó el cuento. Y si con un buen cuento se puede hacer una mala novela, con un mal cuento no puede hacerse nada. El sabe que tiene que trasmitir un capítulo diario a como dé lugar, y mantener al espectador con las nalgas en el borde del asiento, pendiente de cada giro de la historia. Pero ya agotó buena parte del arsenal. El galán importado le sirvió de poco. En vez de mandar, obedece. Pero qué se puede hacer: fue una exigencia de la co-producción. El recurso de regresar cuando todos lo creían muerto tampoco fue exitoso: en una buena telenovela los que regresan siempre vienen a vengarse, no a ver delfines. Con la subtrama de la sobrina que ama tanto a los gays que hasta opina por ellos tampoco ha levantado los punticos: al público no...

Delito de opinión

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Un par de años atrás, en Madrid y viendo por televisión el enésimo reclamo de los catalanes por su autonomía, se me ocurrió opinar. “ Chica, yo creo que en este tema de los vascos y los catalanes …”. Mi amiga –que como buena cubana debía creerse con derecho a opinar de todo- me paró en seco. “ No hables de lo que no sabes ”, me dijo. Hablar de lo que no se sabe es rentable desde que el primer hombre regresó de tierras extrañas con un fardo de cuentos admirables que todos creyeron porque sí, porque a todos nos encanta un cuento, y si está bien echado, mejor. Gracias a esa propensión a suspender la incredulidad cada vez que haya un chance existe Shangri-La, Eldorado, Roswell, las amazonas y La Catira de Camilo José Cela, libro lamentable donde los haya. Hay opinadores que se agradecen, como Alejandro de Humboldt o el Padre Las Casas. Humboldt nombró las cosas de este continente con una seriedad que a los de acá nos hubiera tomado siglos y al Padre Las Casas le debemos Michael Jack...