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Mostrando entradas de abril, 2011

WILLIAM, LA FE Y LOS DAÑOS IRREVERSIBLES

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Palmeros de Chacao, Caracas 2011. Foto: Camilo Hernández Estos son días de sentirme particularmente excluido del rumbo del mundo, con la Semana Santa, la boda del príncipe William y un congreso del Partido Comunista cubano que ni siquiera se esforzó en parecer gatopardiano. De la Semana Santa no disfruto ni el puente vacacional. Entre el atractivo de una ciudad que se torna habitable por apenas cuatro días, mi aversión a la liturgia de los viajes, y mi casi nula tolerancia hacia los tumultos y las esperas en general, me he ausentado de Caracas sólo dos de las veinte Semanas Mayores que he pasado en ella. Pero ni en una sola de esas dos decenas de oportunidades he visitado un templo. Sé que es cobarde, a la altura del medio siglo de vida, culpar a otros por las carencias personales, pero lo cierto es que haber crecido en el país donde crecí y bajo el sistema político que me tocó, me convirtió en un eunuco de la fe. Fueron demasiados años de odio anticlerical, y de un descar...

PARA LA HISTORIA

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A Javier de Castromori, que tan hermoso trabajo  hace por devolverle la memoria a un país con Alzheimer.  
 La televisión cubana comenzó a usar el delay en sus trasmisiones en vivo, al mejor estilo de la televisión norteamericana después que Justin Timberlake le sacó una teta a Janet Jackson en el intermedio del Super Bowl. Gracias a eso los televidentes no pudieron ver el discurso pronunciado por Fidel Castro al visitar la clausura del 6to Congreso del Partido Comunista de Cuba. A diferencia del delay de la televisión norteamericana, donde alcanzan cinco minutos para corregir metidas de pata, el cubano es de aproximadamente 10 horas para corregir errores de 53 años.  
 
 Por su innegable valor documental, hemos transcrito los momentos más importantes del discurso:  
 
 "Delglebe epssstreb glub glub wer-t-t-t-t lobbbglonbong... rutttifff eudoblegg frugggg librción (APLAUSOS DE PIE) Sefffglub glujjj eussst bluggg seeebbb jjjurg rull crstttt gl...

CON HÉCTOR: PAN Y CEBOLLA

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Cuando apenas comenzaba yo a inventar ficciones para la televisión en Cuba, un crítico sentenció que mi trabajo se parecía al de Héctor Quintero, con la intención – no sé, digo yo- de burlarse de lo que, con más torpezas que aciertos, pretendía yo proponer en el ambiente tedioso de la televisión  nacional de los 80. No sabía el compañero que, lejos de ofenderme, la comparación me enorgullecía: Quintero es aún hoy uno de los nombres que más respeto entre los teatreros cubanos y ya quisiera alguna vez rozar siquiera el pérfido humor de su escritura y la soledad, la terrible soledad de la gente a la que puso voz. Gente casi toda de antes : antes de la Revolución, antes de La Perfección Socialista, antes de La Felicidad Plena Alcanzada.  Con esa habilidad para sortear la suspicacia de los censores, Héctor ganó al deslastrarse de la inmediatez, impredecible siempre en esa isla que rige sus destinos por la dirección del chorro de la meada mañanera de un sólo hombre. Así,...