WILLIAM, LA FE Y LOS DAÑOS IRREVERSIBLES
Palmeros de Chacao, Caracas 2011. Foto: Camilo Hernández Estos son días de sentirme particularmente excluido del rumbo del mundo, con la Semana Santa, la boda del príncipe William y un congreso del Partido Comunista cubano que ni siquiera se esforzó en parecer gatopardiano. De la Semana Santa no disfruto ni el puente vacacional. Entre el atractivo de una ciudad que se torna habitable por apenas cuatro días, mi aversión a la liturgia de los viajes, y mi casi nula tolerancia hacia los tumultos y las esperas en general, me he ausentado de Caracas sólo dos de las veinte Semanas Mayores que he pasado en ella. Pero ni en una sola de esas dos decenas de oportunidades he visitado un templo. Sé que es cobarde, a la altura del medio siglo de vida, culpar a otros por las carencias personales, pero lo cierto es que haber crecido en el país donde crecí y bajo el sistema político que me tocó, me convirtió en un eunuco de la fe. Fueron demasiados años de odio anticlerical, y de un descar...