ANA NO VE LOS TOROS DESDE LA BARRERA
Ana María Simon. Foto: Camilo Hernández El incidente es típico del país insólito que somos: una alcaldía de la capital, para recaudar fondos y comprar juguetes para los niños más desfavorecidos, decidió hacer ¡una corrida de toros! Con todos sus ingredientes: animal babeado, sangrando y cagándose descontroladamente, cornada al torero en el mejor de los casos, gente creyéndose española (con altas probabilidades de ser devueltas de Barajas si su piel supera en dos tonos la del andaluz promedio) y alguna orquesta desafinada tocando lo peor (si fuere posible distinguirlo) del repertorio de Los Churumbeles. Lo que sea, por los niños pobres. La idea me escandalizó incluso a mí, que nunca he militado en favor de los animales y mi contacto con los toros se limita a haber comprado alguna vez esos carteles donde el nombre de uno aparece junto al de toreros famosos, y que te venden en cualquier mercadillo español atrapaturistas, aunque una vez, veintitantos años ...